En esta pintura, se representa la primavera de una forma muy sencilla. Aparece una muchacha de espaldas y arrodillada que está ofreciendo una flor a una mujer que sostiene con la otra mano a una niña. Tras ellas, hay un hombre que con una mano está sujetando a una pequeña liebre y con la otra parece decirnos que guardemos silencio, que no desvelemos su presencia. La liebre simboliza la fecundidad y aparece asociada a la primavera en la “Iconología” de Boudin. La luz que baña las figuras es totalmente primaveral, al igual que los tonos claros empleados. La pincelada es sorprendentemente suelta, obteniendo los detalles de los vestidos a través de manchas de color. Todo el cuadro simboliza un juego primaveral. Esta obra formaba parte de una serie magnífica de cartones para tapiz, con la temática de las cuatro estaciones. Esta pintura estaba destinada a servir como modelo para la decoración de los apartamentos del rey Carlos III, en el Palacio del Pardo, su destino era el comedor.

Realizado por Noelia
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